viernes, 10 de octubre de 2014

Venecia.

A veces es calma y otras resaca,
la suavidad de sus manos,
la prisa del impaciente que deja olvidos sin notas
y el paraguas en casa los días de lluvia.
Yo mientras, sin soñar con ojos cerrados,
planeo trepar por su cuerpo
y hacer de su corazón mi hoguera.

Es su aire desenfadado el que para el mundo, lo coge,
y lo tira para ver si encesta en el cajón de mi mesilla.
Son sus veinte minutos más de cama
siéndome infiel con las sábanas,
los besos en el hombro,
el roce de nuestras frentes...

Y a las doce de la mañana hacemos Carnaval,
entre esas cuatro paredes viajamos a Venecia.