sábado, 23 de noviembre de 2013

Good night.

La noche había caído y ella sabía muy bien lo que tenía o no tenía que hacer. Aquella noche iba a ser su noche, se iba a comer las estrellas y un cuarto de la Luna.
Sabía que era la hora de estrenar su conjunto de lencería color vino que compró esa misma mañana.
Era consciente de que el paquete de galletas que había comido esa tarde le sobraba. Aún así, se sentía única, o eso es lo que sentía al menos estando con él.
Vestido de infarto, tacones de aguja y los labios de color quisquilla.
Definitivamente, esa iba a ser su noche.
El tono de su móvil comenzó a dar tumbos por las paredes de su habitación hasta llegar a sus oídos.
Inevitablemente sonrió, era él.
Al coger aquella llamada su noche se tornó, y ahora eran las estrellas las que se comían cada parte de su cuerpo.
La cita se aplazaba al fin de semana siguiente.
Y ahí estaba ella, sentada en el borde de su cama con el móvil aún entre las manos. La más guapa de todas las bellas durmientes de la ciudad, aunque la expresión de sus ojos no opinaba lo mismo.
Y esa iba a ser su noche...
La noche en la que cambiaría su vestido escotado por su pijama de ositos.
La botella para dos fue sustituida por una tarrina de helado de chocolate, pero esta vez para una persona.
¿Y la dieta? "Adiós a la dieta" dijo.
Esa noche lo único que mancharía sus sábanas recién cambiadas sería su máscara de pestañas.




Patty.







miércoles, 20 de noviembre de 2013

Y hoy...

Y hoy ya no puedo negarlo, ni quiero hacerlo. 
Hoy me es imposible decir más mentiras ocultando lo evidente, 
el rastro que dejan mis aleteos de pestañas están ahí
y no puedo hacer nada para camuflarlos.

Hoy ya mis ojos no se acuerdan de la sequedad que sentían tras las lágrimas,
ahora se han empeñado en mirarte y borrar lo que te rodea,
fijándose en ti como las pinzas de la ropa hacen con mis camisas,
atrapándolas por si viene el viento y se lo lleva todo.

Y es que, 
por mucho que sople el viento...
Nunca dejaré de contar los lunares de tu espalda,
que es la constelación más cercana que conozco.
No podré vivir sin tu sonrisa que me hace ser más fuerte,
que me sube hasta la Luna y me acerca al brillo del Sol. 

Y es que hoy... 
Hoy ya no podré vivir sin hablar de ti para hablar de mí.


Patty.

martes, 5 de noviembre de 2013

Yo soy yo.

Y no es que me las dé de nada, no soy la chica perfecta. No estudio enfermería ni arquitectura, no sé cocinar y no me llaman las tardes de repostería. No hablo más de dos idiomas y estoy a todo y a nada al tiempo. Pero si algo sé es que nadie sabe lo que puedo llegar a querer, no tienen ni idea de cuáles son mis prioridades en la vida aunque el mundo se empeñe en conducirnos por el mismo camino a todos. Yo soy yo y tú eres tú, y eso va a ser siempre así.
He intentado ser perfecta, pero tras años y años intentándolo creo que me aburre. He intentado comer menos, sentarme siempre correctamente, salir a correr, llorar menos y reír más. Pero me he dado cuenta de que no puedo serlo, porque el concepto de perfección no lo encuentro en mí sino en el exterior. Lo encuentro en ti y en tus actos, y como ya he dicho antes, yo soy yo, tú eres tú, y eso va a ser siempre así.


Patty.






domingo, 3 de noviembre de 2013

Aquel café.

Y entre tanto barullo de voces sordas te quise buscar. Entre tantas miradas nubladas y consejos mudos decidí dejarme llevar por la inercia. Papeles manchados de tinta con letras indescifrables, borrones y tachones adornaban aquel papel. Preguntas sin respuesta, monólogos de luna y desvelos sin consecuencia del café. Esfuerzos por encontrarme contigo cada noche, por cerrar mis ojos y esperar a que aparecieras. Ver esa sonrisa tan tuya, esas conversaciones tan nuestras. Pasarlo tan bien contigo. Bebernos aquel café dando sorbos que nos llenen de vida. Llenarme de vida en ese café. Verte, hacer bromas, escuchar tu risa una vez más.


Y hoy nuestro ahora, nuestra realidad, nuestro escenario son los sueños.

Patty.