martes, 27 de enero de 2015

Noche estrellada.


Era una noche de abril y aquel camino de rastrojos me rozaba constantemente los vaqueros. 
La luz anaranjada de las farolas del pueblo quedaban a nuestras espaldas, y en mi sudadera empezaba a posarse el frío característico de la madrugada. Ya queda poco, me decías, como siempre adelantándote a mis preguntas silenciadas. Qué gusto daba pasear contigo... aunque no se viese el suelo y en ese punto se nos presentara la noche abalanzándose sobre nosotros.
Tampoco se distinguía la montaña del cielo, y mirar hacia arriba nos hacía sentir tan pequeños...
 El lugar era tan mágico que solo existía la calma, nada más. Contemplar la noche con ese olor a humedad y a primavera me hizo sentirme extraña hasta de mí misma, ya nada me podía hacer daño.
Y subir a un depósito sin escaleras se convirtió en un plan brillante para estar más cerca de esas luces blancas intermitentes,
y de ti.



Patty.




jueves, 22 de enero de 2015

Trae vino.

Aún tengo trocitos de ti en los labios y la sensación de que es domingo.
Aún tengo esa canción de Sinkope en la cabeza y mejor que sea así.
Aquí sobran las mantas y faltan tus pies para calentar los míos.
Y son mis ganas las que revuelven cada cajón de mi cocina
intentando vencer a la cena para uno, que hoy viene fuerte.

Quiero ponerte cara de viernes o de buena, pero mirarte, 
y conseguir que canten los grillos una noche más.
Que el vestido rojo no sea en vano, por si algún día quisiera recordar el momento
o comprender por qué pasan las estaciones y medirlas en pájaros.
Por eso, chico de la camiseta morada, si vuelves no dejes notas y trae vino
que se ha quedado buena Luna para besar a oscuras, y las persianas, como siempre sin bajar.


Patty.






miércoles, 14 de enero de 2015

Hasta mañana.

Hace un año que lo volvimos a intentar
y por muchos amaneceres que pasen
todavía sigo sin entender 
las vueltas que da la vida...
Dicen que juega,
que le gusta poner todo patas arriba,
y es verdad, 
me cogió del final de los vaqueros
y me colgó junto a tu ropa.
Sé que a veces los domingos son malos,
que los calendarios me comen,
que un plan es fiesta y volantes,
y otros muchos días no me entiendo...
Pero siempre espero que llegues tú,
y me alegres el día.
Que si nos descuidamos pecamos de materialistas,
que hace falta un roce para ser humanos
y mandar muy lejos a los publicitas
con su felicidad disfrazada.
Ahora seamos claros...
Te tengo delante y me desarmo.
Me haría adicta al café, 
si lo compartes conmigo.
Y me alquilaría un piso en tus pestañas
pagando el seguro a todo riesgo,
porque no hay nada más bonito que la certeza
con la que te digo hasta mañana.





    Patty.