Es como comprometerse sin documentos,
hacer promesas que no sabemos si podremos cumplir algún día.
Es el estar tumbados frente con frente, con nuestras manos sosteniéndonos las mejillas,
con nuestros dedos siendo los traductores de las sonrisas tímidas que,
en un promedio de tres segundos, se posan sin vergüenza en nuestros labios.
Y en esa habitación soñamos con los ojos abiertos un domingo mejor,
planificando nuestro futuro incierto, viéndonos juntos en cualquier piso de Madrid
compartiendo baños de espuma, películas y manta, o yo que sé, las tostadas del desayuno.
Así pasamos los días, creciendo y aprendiendo a querer bien lo que se quiere, a desear lo que se desea y temiendo juntos eso que no queremos que pase y del que tantas canciones de desamor hablan.
Pero mirándome a los ojos me diste la respuesta final:
"Las crisis surgen cuando estás dando todo y piensas en cosas serias,
y no sabes si dar un paso al frente o treinta hacia atrás.
Son el reflejo del miedo a un paso importante."
Y al final me doy cuenta de que nada de eso importa, lo que importa es el ahora.
El estar escribiendo, con tu sudadera roja puesta, sobre nosotros a las doce de la noche
sabiendo que mañana toca madrugar.
El saber que si el amor es ciego, yo soy la primera kamikaze que dará los pasos sin mirar,
porque si nos desviamos del camino nos encontraremos rápido.
Ya no volveremos a tener desiertos por habitaciones,
ahora son lugares donde podemos soñar e improvisar cara a cara ¿qué vistas tendrá nuestro piso?
o ¿quién va a recoger a quién a la facultad?
Patty.