unas ganas sostenidas en mis dedos
de bajar el picaporte,
de quitar el seguro
y de abrir la puerta en marcha.
Tengo ganas de volar muy alto
y aprenderme las formas que tienen los tejados
que rodean al tuyo,
de llevar el desayuno a los balcones
de las señoras que sacuden las alfombras
a las nueve de la mañana.
Tengo ganas de posarme
en los autobuses sin mirar el número
que me trasladen lejos o cerca,
pero que el destino sea siempre sorpresa.
Ahora tengo ganas de shushi o cerveza fría
para acompañar a esta tarde sin planes,
o a esta cita
tan descarada,
este cara a cara
entre una hoja en blanco
y yo.
Patty.

