domingo, 15 de diciembre de 2013

Soñé con la realidad.

¿Cuántas veces pensamos en detener el tiempo? Yo hoy lo he intentado con todas mis fuerzas.
Os prometo que he puesto todo el empeño en congelar la imagen que estaba viviendo.
La luz que entraba por la ventana invadía la habitación y nuestros cuerpos, (que aún siendo sujetos pacientes del calor) estaban entrelazados como si viviesen en la fría Rusia en aquel colchón de las mil y una sábanas.
Te observé todo lo que pude mientras dormías.Tu rostro relajado me transmitía tu calma, tus mejillas sonrojadas, tu boca entreabierta... Por no mencionar tus pestañas kilométricas, que emergen como el magma de los volcanes para después solidificarse en el filo de tus párpados a modo de abanico.
Te tuve entre mis brazos, y acariciaba tu piel sin sentir el más mínimo cansancio o aburrimiento de un ritmo tan monótono -arriba, abajo-. Solo podía sentir la suavidad de tus brazos, manos y cuello en las yemas de mis dedos.
Solo podía sentir que quería escribir todo lo que sentía...
Pero ese momento era tuyo, era nuestro, y no merecía la pena ir en busca de nada que fuese más allá de esas cuatro paredes, más allá de ti y de mí, o más allá de todo el cariño que ansiaba darte.
Poco después tus párpados se abrieron recordándome que si hay algo más bonito que verte descansar, es poder ver la vitalidad reflejada en tus ojos color miel. Ver como se te dibuja esa sonrisa en la cara al escuchar mis "estoy aquí".
No pudiste evitar preguntarme si yo también me había dormido, contesté con un "sí" firme, al fin y al cabo soñé con la realidad.




Patty.










lunes, 9 de diciembre de 2013

Qué tontería.

Ya ves tú qué tontería,
si yo no soy de esas que se cuelgan de tu cuello.
No soy de las que sienten que alguien es propiedad suya,
porque nadie lo es de nadie.
Qué tontería! si sé cómo me miras.
Y tú... Tú eres el único que conoce mis miradas.

Qué tontería el pensar que alguien más pasó por ti,
que alguien más vio como te rascas la nariz disimuladamente,
como te muerdes el labio inferior cuando estás nervioso,
o como tus decididas manos ansían dar amor.

Qué tontería el imaginar que alguien más besó tu frente,
que alguien más admiró la constelación de tu espalda
o te calmó y sacó una sonrisa en los días de rabia.

Y ahora tu nombre se expande por mi piel,
como un tatuaje de tinta invisible,
como el que nunca se ve pero perdura toda la vida.
Qué tontería creer en el destino,
y cuanto hecho para contradecir la frase anterior.
Si fuí la primera... ¿Por qué no la última?

Qué tontería es pedirte que te quedes a mi lado,
pero qué tontería sería no hacerlo.

Patty.