Había una vez un niño muy inquieto que estaba obsesionado con una idea. Ella.
Un día cogió su valentía y una maleta y decidió subirse en el mismo barco en el que iba su idea.
Pronto se dio cuenta de que el mar no siempre está en calma, y esos días el pequeño buscaba soluciones de todo tipo; unas veces las velas, otras soltaba el timón...
Siempre arreglaba los imprevistos que se le interponían en el camino, aumentando de este modo su confianza en él mismo.
Mientras, ella miraba atentamente cada paso que daba el niño, y cuando el mar se revolvía no sabía actuar y se bloqueaba.
¿Pero sabéis una cosa?
Cuando el mar se calmaba ella sonreía siempre y admiraba aún más a su pequeño capitán.
Patty.
