Para él era su amor imposible. Aquella persona a la que todos los días veía. Él la analizaba con la vista a través de la ventana del autobús en el que ella subiría, para después sentarse a su lado. Tomó asiento, y le dió los buenos días como cada mañana. Era tan agradable. Su pelo, todavía mojado, olía a albaricoque, y sus pecas distribuidas aleatoriamente por su nariz y mejillas, se encogían cuando se reía.
A ella le encantaba hablar, podría pasarse horas sin callar ni un solo momento, a él esto le producía ciertos dolores de cabeza, y de forma paralela curiosidad por conocer, por ver el mundo desde sus ojos y tratar de entenderlo. Trayectos de idas y venidas, de conversación y descubrimiento. Trayectos para descifrar las incógnitas de sus mentes.
Patty.
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