Os prometo que he puesto todo el empeño en congelar la imagen que estaba viviendo.
La luz que entraba por la ventana invadía la habitación y nuestros cuerpos, (que aún siendo sujetos pacientes del calor) estaban entrelazados como si viviesen en la fría Rusia en aquel colchón de las mil y una sábanas.
Te observé todo lo que pude mientras dormías.Tu rostro relajado me transmitía tu calma, tus mejillas sonrojadas, tu boca entreabierta... Por no mencionar tus pestañas kilométricas, que emergen como el magma de los volcanes para después solidificarse en el filo de tus párpados a modo de abanico.
Te tuve entre mis brazos, y acariciaba tu piel sin sentir el más mínimo cansancio o aburrimiento de un ritmo tan monótono -arriba, abajo-. Solo podía sentir la suavidad de tus brazos, manos y cuello en las yemas de mis dedos.
Solo podía sentir que quería escribir todo lo que sentía...
Pero ese momento era tuyo, era nuestro, y no merecía la pena ir en busca de nada que fuese más allá de esas cuatro paredes, más allá de ti y de mí, o más allá de todo el cariño que ansiaba darte.
Poco después tus párpados se abrieron recordándome que si hay algo más bonito que verte descansar, es poder ver la vitalidad reflejada en tus ojos color miel. Ver como se te dibuja esa sonrisa en la cara al escuchar mis "estoy aquí".
No pudiste evitar preguntarme si yo también me había dormido, contesté con un "sí" firme, al fin y al cabo soñé con la realidad.
Patty.

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