mirarte en este momento,
porque te convertirías en la lectura
que me conciliaría el sueño.
En mi lectura preferida,
y te pediría permiso
para leerte una vez más,
o dos, o tres...
Así todas las noches.
No sabes como envidio
a la niña pequeña que temía al lobo de los cuentos,
ahora mis miedos son tus miedos...
Pero tú vuelves todo fácil
cuando me calmas
y me dejas apoyarme en tu pecho.
Parece que por un momento
lo partes por la mitad
y dejas que me cuele dentro.
Basta con temblar o fruncir el ceño
para que revuelvas las sábanas
y te acerques a mí.
Eres la lluvia en mis días áridos,
y haces que siempre me plantee un plan b,
por si el primero falla.
Que tenga ganas de coger
autobús, tren y metro,
que todos me lleven a ti.
Porque Madrid es más bonito contigo,
con nuestros besos en los pasos de cebra de la Gran Vía
o delante de una obra de Roy Liechtenstein en el Thyssen.
Patty.

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